Traer al presente mi parte infantil, mi niño interior. Eso no significa comportarme de manera infantil; lo que me permite es verme mejor, conocerme mejor, estar más conmigo, de adulto y de niño, de una manera más amorosa conmigo. Al traer a mi niño interior puedo saber qué miedos fueron los que me llevaron a tomar comportamientos de defensa; imitar a otros, imitar lo que dicen, lo que hacen otros, para protegerme. Veo cómo este Paso Once me lleva al camino de la meditación en la que me pone frente a mí, me hace ver que la forma que tengo para quererme, y poder así querer a los demás, es aprendiendo a ser yo mismo. Al generar sentimientos de afecto hacia mí, me voy queriendo más, el hábito del amor va creciendo. Al meditar puedo ver con más claridad cómo era yo de pequeño; ver qué miedos tenía, para, ahora de adulto, poder liberarme de ellos. La meditación logra que yo esté más conmigo, ya no es necesario que me vaya a la montaña para estar a solas conmigo, ahora puedo buscar mi propio yo durante cada día. El camino de este Paso Once me dice que mejore el contacto con mi Poder Superior, y de momento lo que estoy viendo es que la meditación dirige mi atención hacia dentro de mí, como si el Poder Superior estuviera dentro de mí. Es a través del contacto consciente conmigo como puedo llegar a amarme más, llegar a amar más a los demás. El contacto consciente conmigo mismo me acerca a la buena vida.