Un camino paralelo al Programa de los Doce Pasos “Intentamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, tal como cada cual Lo conciba”. En este Paso Once vuelvo a tener el mismo sentimiento que tuve en el Paso Cuarto, el de comenzar un viaje al interior de mí, esta vez en busca de mi niño interior. Para ello me voy a ayudar de la meditación, con grupos que me servirán de guía para no perderme en el camino de El Programa. En este viaje voy a encontrarme con los culpables de mis defectos de carácter, mis padres. Parto con la idea de que en los genes heredados y lo que aprendí de ellos, están mis dos partes, la buena y la mala. Pero a su vez mis padres también tuvieron unos padres, y fueron víctimas de ellos; aprendieron los mismos defectos de carácter que ahora me han pasado a mí. Así podría ir por mi ascendencia hasta cientos, miles de años, en los que mis antepasados recibieron de sus padres el mismo legado que me ha tocado ahora a mí; el mismo que he pasado a mis hijos, y ellos lo harán a los suyos; salvo que yo ahora pueda parar la cadena. Si logro liberarme de esos defectos de carácter que hacen daño podría evitar que se siguieran pasando de generación en generación. No veo a mis padres como los culpables sino como víctimas, al igual que yo, de nuestros antepasados. Esto me da un punto de partida comprensivo y de amor hacia mis padres. Para seguir el camino de la buena vida creo que es necesario curar todas las heridas, unas mal curadas y otras si curar.