Con la práctica de la meditación, de mindfulness, voy notando que la respiración es mi gran aliada en este Paso Once. La respiración es algo que tengo desde que nazco y me acompañará hasta mi muerte; antes solo me acordaba de ella cuando me faltaba, ahora, durante el día, si dirijo mi atención a ella, la siento, noto sus efectos, su fuerza. La respiración es una de las cinco cosas que me dan energía, junto con los alimentos, descansar, dormir y los pensamientos positivos. Sobre la respiración tengo la capacidad de influir; con la práctica va tomando más protagonismo en mi vida. No solo la utilizo para vivir, sino que me está sirviendo para tener más bienestar. Una de las mejoras de la respiración es su capacidad para ayudarme a poder parar, conectar más conmigo, me ayuda a parar, parar de mis pensamientos negativos, de comportamientos tóxicos, de lo que digo, de lo que sea que me perjudica. Llevar la atención al aire, sentir cómo entra en mi cuerpo, cómo sale, esto también me libera de las preocupaciones, del sufrimiento del pasado, del temor al futuro. En cualquier momento puedo prestar atención a la respiración, sabiendo que siempre va a estar ahí, para conseguir calma, para volverme tranquilo necesito primero relajar mi cuerpo, después mi mente. En los momentos en los que me voy de mí, que tomo comportamientos que no son míos, con la respiración puedo volver a mí. También me está sirviendo para conectar más fácil con mi niño interior, a través de la práctica de la atención a la respiración, puedo conectar más a fondo conmigo, llegar a sentir lo que sentía cuando era un niño. En este Paso Once estoy descubriendo dos nuevos compañeros de viaje, mi niño interior y la respiración; los dos no solo me acompañan durante el día, sino que me ayudan a tener más bienestar, me acercan a la buena vida.