En el Paso Uno estuve dos años. Durante el primero aprendí de todos mis compañeros, intenté hacer lo que me sugerían, asistí a las reuniones varias veces a la semana, cogí un servicio para ayudar con la literatura, todo me valía, mi vida cobraba sentido, comencé a recuperar la autoestima. En el segundo año comencé a darme cuenta de que, aunque ya no caía en la adicción, no me encontraba bien conmigo, con mi vida. Las personas de mis circulos seguían como antes, estaba con ellos pero ya no me sentía integrado; yo era para ellos el que no tomaba. Buscaba compañía en los grupos, pero seguía sintiéndome solo. Me creía en posesión de la verdad, intentaba hacer ver a los demás lo que yo veía. Me fui marginando, comencé a sentirme raro. Volvieron las ganas de huir de mí, pero esta vez no tenía adicción que me ayudara. Lo que estaba viviendo no me gustaba, estaba pensando volver a mi antigua vida; alguien del grupo se dio cuenta y me dijo que debía de dar el Segundo Paso “Para dar este paso solo se te pide que aceptes que por ti solo no podrás mantenerte sobrio, recuperar el sano juicio; solo se te sugiere que creas que un Poder Superior a ti te ayudará”. Le estaré eternamente agradecido, no creo que me hay pasado nada mejor en mi vida. Desde entonces no he dejado de andar, salirme, para volver al camino de la buena vida