Al principio de dejar la adición tuve la esperanza de que podía mejorar mi forma de vivir. Al poco tiempo me di cuenta de que necesitaba algo más, no solo para no volver a caer en la adición, sino para mantener una vida que no me causara tantos conflictos. Mi impotencia para gobernar mi vida se manifestaba en los conflictos que generaba. Los conflictos pasaron a formar parte de mi vida, parecía que los necesitara; lo que hacía, lo que decía no los eludían, los provocaban. Este Paso Uno, aceptar que mi vida se había vuelto ingobernable, fue el que me permitió comenzar un largo camino que me llevo a ser el protagonista de mi vida. A comenzar un camino que me permitió recuperar el sano juicio, ese que logra que haga de lo que quiero, lo que me conviene. Me llevó a recuperar el equilibrio cuando lo perdía. Me llevó a conseguir no enfadarme por tonterías, a que los comportamientos de los demás me afectaran menos. Me permitió comenzar un camino en el que aunque hay momentos en los que tomo decisiones en mi contra, sobre todo los hay donde siento que he recuperado el amor a mi mismo. Con él comenzó una nueva manera de relacionarme, no desde el control, ni la manipulación, con conflictos constantes; sino en general con relaciones sanas, afectuosas. Este Paso me llevó por un camino de transformación personal, donde todo era diferente pero el único que había cambiado era yo. No creo que las circunstancias me llevaran a la adición pero lo que me sigue sorprendiendo es que cambiando yo cambian las circunstancias.