El orgullo para no dar el Paso Cuarto se esconde detrás de otras justificaciones pero siento que lo que impedía verme cómo era fue el temor a sentirme indigno; a aceptar que mi comportamiento era el de una mente enferma que no era digna de que personas sanas estuvieran conmigo; el temor al abandono. Creo que antes de dar este Paso Cuarto necesito haber dado bien el Paso Tres, haber perdido el temor a verme como realmente soy. Al hacer este Paso Cuarto no debo caer en pensamientos depresivos, ni en la autocompasión, tampoco debo juzgarme, ni mucho menos castigarme por todo lo que voy a ir viendo de mí, muy al contrario debo coger el camino que me de todo el cariño, toda la ternura de la que sea capaz para poder afrontar la gran aventura de mi vida, conocerme. En las dos veces que comencé este Paso Cuarto sentí la ilusión, parecido al comienzo de un gran viaje, de una aventura, un viaje al interior de mí. Antes, como ahora, tengo un sentimiento de bienestar al saber que este viaje me llevará a un lugar en el que me sentiré mejor, estaré mejor con los demás. Profundizar en los defectos y virtudes que me han hecho lo que ahora soy, que me han ayudado a conseguir lo que ahora tengo, ponerlos a la luz de mi crítica. Buscar mi honestidad para ver el daño que he hecho, a los demás, a mí. Sin temor a verme, lo bueno, lo malo, sin excusas, sin culpables, sin resentimientos, con todo el cariño hacía mí que pueda. Noto que tengo las riendas de mi vida, que puedo hacer cosas para mejorarla, para sentirme mejor, más cerca de los demás; mirar a la gente a sus ojos, sentir su humanidad, lo que me une a ellos; la promesa que me hace El Programa, la misma que he visto en otras personas que antes que yo lo hicieron, llegar a sentir el amor, por mí, por los demás. Creo que comenzar el Paso Cuarto me acerca a la buena vida.