El mayor motivo para volver a hacer los pasos es seguir buscando la buena vida, esa en la que evito manifestar mis defectos de carácter, la parte mía que hace daño, a mi, a los demás. Para lograr esto necesito conocerme, El Programa me lo facilita. Sin intentar saber cuál a sido el origen, sin buscar responsables de lo que soy; hay algo en mí que rechaza la autoridad. Con mis profesores, o me enfrentaba a ellos o me evadía de sus clases; en el ejercito tuve muchos problemas; en el trabajo con mis jefes tenía conflictos constantes, lo que me hizo montar mi propia empresa, con 22 años, que aún hoy conservo. En las asociaciones de ocio como los scout y grupos de montaña; profesionales como asociaciones de empresas del sector; no lucrativas como en los servicios en A.A, en CoDA; en asociaciones académicas, de salud; en todas ellas acabo intentando imponer mis normas, como no las aceptan entro en conflicto o me voy. También con mis amigos intento ser el que impongo una forma de compartir nuestras relaciones. Con mi pareja aceptando ser masoquista con la condición de mandar. Aunque el ser así creo que ha hecho que me trabaje la iniciativa y la creatividad, me ha servido para emprender nuevos proyectos, para sentir que tengo el control de lo que pase en mi vida. Esta forma de ser me impide formar parte de grupos organizados; al no aceptar sus formas de divertirse, de funcionar, me acabo alejando. En general he aceptado ser masoquista, siendo complaciente con que me humillaran, siempre que me permitieran mandar. Creo que en el fondo de todo esto se esconde un complejo de inferioridad que necesito taparlo con el poder. Eso justifica mi excesiva ambición. Pareciendo más, oculto que me siento menos