Ser uno más; al principio, cuando entro en un grupo de personas tengo esa intención, poco a poco voy viendo en el grupo que las cosas se podrían hacer como yo pienso, mejor. Sin poder remediarlo voy sintiendo una necesidad imperiosa de decir lo que pienso, después de decirlo, quiero que se haga, por último, que se haga lo que yo pienso, ahora. Hay algo en mi naturaleza que se cree portador de la mejor decisión, del mejor camino. Esta forma de comportarme la justifico con pensamientos como que si las cosas me van bien a mí, también podría irles bien a ellos. Me veo teniendo éxito en el plano sentimental, manteniendo el mejor momento con mi pareja, con la que llevo desde que tenía 15 años; con una situación familiar estable, con una empresa que monté a los 22 años y que todavía mantengo, con una red de amigos, una situación financiera cómoda, ayudar a mi hijo con enfermedad mental a que normalice su vida; consiguiendo liberarme del alcohol, del tabaco, de la codependencia, de cinco defectos de carácter, la ira, los celos, la desconfianza, la envidia, la impaciencia; con una buena salud física, mental, emocional, espiritual, con El Programa de los Doce Pasos que da sentido a mi vida. Todo esto que pienso de mí no me vale para nada cuando me separa de los demás. La razón, llevar la razón se vuelve a interponer entre la buena vida y yo. Con La Razón sufro, hago sufrir a los demás. Darme cuenta de esto, desenmascararlo, sin castigarme por ello, me da la esperanza de que podría llegar a liberarme de que por creer que llevo razón tengo derecho a imponérsela a los demás.