Tengo motivos para avanzar en El Programa, uno de ellos es protegerme de las crisis fuertes, esas en las que hay muchos que recaen. La forma de fortalecerme es trabajando los motivos por los que tenía adiciones, para eso necesito conocerme. No solo tengo que apagar el fuego sino reparar lo que lo produjo, sino es así es posible que vuelva a arder. Cuando veo a otros recaer pienso que eso a mí no me va a pasar, en mi estado actual me siento seguro, pero es falso, quién me dice que ante una desgracia como la muerte de un hijo, la separación de mi pareja, la ruina económica, lo que sea que me tumbe, quién me dice que no buscaré consuelo en las adiciones. Para hacer El Programa he preferido hacer de mi transformación un camino largo, donde voy parando en los pasos, volviendo a ellos con el recuerdo, no los vuelvo a vivir de la manera en cómo lo hice cuando estaba en ellos. Veo que es un camino largo en el que a cada paso se me abren tantas cosas que no me queda tiempo para retroceder, cosas que implican un cambio, una transformación personal. Cada paso me pide lo mejor de mí, y no me es fácil darlo, me resisto, mi parte oscura está instalada y no está dispuesta a dejarse ganar sin presentar batalla. Cada paso necesita que le dé su prioridad. En mis primeros 20 años he estado con un paso cuarto, pensaba que no volvería a hacer otro, pero seis años después tuve la necesidad de hacerlo de nuevo, más enfocado a lo que estaba viendo que me hacía daño, que no me dejaba tener relaciones sanas, afectuosas.