Hay algo en este Paso Diez que me lleva a ser útil a los demás, estar dispuesto a ayudar, hacer cosas de la casa, servicios en los grupos, ofrecerme a mis compañeros de trabajo, a mi familia, a mis amigos, tener iniciativas que aporten algo que nos haga la vida mejor, que nos acerque a la buena vida. Cosas que antes me costaba hacer si las otras personas no las hacían, ahora noto que me ofrezco a hacerlas sin fijarme en los demás. Es una nueva situación, más solidaria, más comprometida, donde siento la necesidad de que los demás vean que estoy ahí, en sus vidas. Este paso me está ayudando a cambiar el orden de prioridades, primero mi equilibrio, después la relación con los demás, después el trabajo, el dinero. No se trata de anteponer los deseos de los demás a los míos, ni de dejar de hacer lo que me conviene para satisfacer las expectativas de los demás. Se trata, de un acto voluntario y libre, de ver que esa actitud es la de más sano juicio, la que más me conviene porque saco, disfruto de la mejor parte de los demás. Poder hacerlo sin esperar recompensas, reconocimientos; con la intención de que sea útil pero sin lamentar que no lo sea. Necesito hacerlo para dejar de dar a los demás mi peor parte, devolverles lo mejor de mí. De alguna manera es satisfacer una necesidad egoísta, la de sentirme valorado, por mí, por los demás, abandonando otras motivaciones más tóxicas, egocéntricas, de poder, de reconocimiento, motivaciones materiales. Ofrecerme a los demás me acerca a la buena vida.