En el inventario moral se me sugiere que también hable de mis virtudes, esos comportamientos a los que no les dedico tiempo porque no me causan problemas. Podría poner en el inventario la generosidad, el compromiso, la iniciativa, el valor, pero hay algo que me dice precaución, un temor a que mis defectos de carácter se me cuelen si los justifico con mis virtudes. Aunque me considero divertido, este temor me impide ser más alegre de lo que podría ser; al estar más pendiente a lo que me hace daño una parte de mí se olvida de estar más alegre. Saber cuáles son mis virtudes, disfrutarlas; tener sano juicio para no justificar a través de ellas comportamientos dañinos, como cuando me muestro generoso creerme con derecho a manipular y controlar a los demás. Aunque se me sugiere que hable de mis virtudes, siento que al liberarme de uno de mis defectos de carácter aparece una virtud. Al liberarme de la ira aparece la virtud de la paciencia, al ser menos soberbio logro ser más humilde, al liberarme de los celos puedo tener una vida sana con mi pareja, al liberarme de la envidia puedo amar más, al liberarme de la desconfianza logro no controlar la vida de los demás, al liberarme de la impaciencia aparece la virtud de la paciencia. En mi inventario de virtudes, la mayor, es que de una forma perseverante, de una forma práctica, quiero liberarme de mis defectos de carácter; esos que no me dejan tener relaciones sanas y afectuosas, que me separan de los demás, de la buena vida.