Las dos veces que he participado en un taller de pasos he podido avanzar en El Programa. La primera vez pude reconocer a la impaciencia, ese defecto de carácter que estaba detrás de muchos conflictos con los demás, conmigo mismo. Desde entonces, hace ya tres años, derrotarme ante la impaciencia ha pasado a formar parte de mi oración diaria, con ayuda del Paso Siete intento liberarme de ella. En este segundo taller he reconocido mi problema con la autoridad o ausencia de ella, otro comportamiento que me crea conflictos, separándome de los demás; aunque llevo poco tiempo, comienzo a desenmascarar a este defecto de carácter. Mi experiencia es que los talleres de pasos ayudan a trabajar El Programa, sobre todo este Paso Cuarto, donde facilitan métodos para que pueda ir conociéndome, aunque en mi caso no he utilizado ninguno, seguramente porque tardé cuatro años en comenzar este paso y al hacerlo solo tuve que fluir escribiendo. Recuerdo comenzarlo dividiendo mi vida en etapas de 7 años, hasta los 29 en que tomé contacto con El Programa; de forma clara salían los defectos de carácter, esas partes de mí que hacían daño, patrones de conducta que se repetían una y otra vez. Recuerdo una grata sensación al escribirlos, la de haber perdido el temor para sacarlos de su escondite, verlos a la luz. Recuerdo sentir que ese era el camino de mi liberación, el que me llevaría en busca de la buena vida.