Lo que me llevó a los grupos fue haber tocado fondo. Mi experiencia con mi fondo, con mi derrota, hizo que buscase ayuda. Sentí un gran alivio al encontrar a personas que tenían la misma adición que yo, que le daban un nombre a lo que me pasaba; me dispuse a hacer lo que me decían, a andar el camino con ellos. Con ellos aprendí el valor de la aceptación, de la humildad, de la honestidad; los tres pilares sobre los que se sostiene la sobriedad. Aceptar, para comenzar a mejorar mis defectos de carácter. Humildad, para pedir ayuda. Honestidad, para no volver a recaer. En los grupos comencé a ver el efecto que me produjo la adición, en lo físico, en lo mental, lo emocional, lo espiritual. En lo físico, maltratando, siendo enemigo de mi cuerpo. En lo mental, permitiendo que se asentaran pensamientos que agravaron mis defectos de carácter, dejando entrar pensamientos que crearon otros defectos nuevos. En lo emocional, no pudiendo manejar los momentos en los que me desequilibraba, provocando conflictos constantes. En lo espiritual, no sintiéndome integrado, no amando, ni sintiéndome amado. Al tomar contacto con los grupos pude verme con una vida ingobernable, de autodestrucción, que me llevaba al sufrimiento. Solo en este Paso Uno he sentido lo que es un derrota total; en otros pasos lo he intentado sin conseguirlo; ha tenido que ser a través de crear nuevos hábitos como he logrado avances. En este Paso Uno comencé el camino hacia la buena vida.