El Programa me ofrece una oportunidad de transformarme. Lo habitual es darme cuenta de algo, tomar medidas para cambiar, poder hacerlo al principio, volver al poco tiempo a los antiguos hábitos, y así con todas las cosas que veo que me perjudican. Ver qué me hace daño, intentar no volver a hacerlo, a decirlo; lograrlo durante algún tiempo, volver a caer en ello al pasar unos días, quizás unos meses. Este no es el cambio que busco. El Programa me habla de otro cambio, uno profundo, donde de una vez por todas me libere de esos comportamientos que hacen daño, a mí, a los demás. A través de conocerme, sin ningún temor, puedo desenmascarar lo que me impide quererme, querer a los demás, lo que me aleja de ellos. Es a través del conocimiento de mí mismo, primero, después será del perdón, como logro aprender a amar. Al hacer el Paso Cuatro, sin agredirme, con la misma ternura con que trato a un niño, ver cómo soy, poner nombre a los comportamientos que tanto daño hacen, los que antes no los quería ver. Hoy, aunque siga siendo el mismo, soy diferente. Después de muchos años en este Paso Siete, me he liberado de los cuatro defectos que más daño hacían, la ira, los celos, la envidia; sin embargo hay otro, la desconfianza, que sin saber cómo, la liberación fue inmediata al entrar en contacto con los grupos de CoDA. Mi transformación ha supuesto pasar de tener conflictos con casi todos a tener una relación amorosa, afectuosa con casi todos. Los cambios superficiales solo me aportan beneficios por poco tiempo, es la transformación personal la que me mantiene en el camino de la buena vida.