Protegerme, no por dejarme maltratar demuestro que quiero más a esa persona. El amor comienza por el que siento hacia mi mismo; solo si consigo tratarme bien, cuidarme, respetarme, tener sano juicio, podré hacer eso mismo hacia los demás. Sentir, de un familiar, un amigo, cualquier persona, una actitud ofensiva y no reaccionar, me permite no caer en los remordimientos pero eso no significa que no debo de hacer nada, necesito apartarme, temporalmente, de esa persona, del problema, debo tener una actitud hacia mí de afecto. Veo como el conflicto agrava el problema; la actitud de amor, hacía mí, hacía los demás, es derrotarme ante la impaciencia, apartarme, temporalmente, de la persona que lo está generando. Dejar que me maltrate no es sano, ni para mí, ni para la otra persona. Aprender a distanciarme del conflicto, hasta que vuelva la serenidad, es lo que me pide que haga mi sano juicio. En la mayoría de los casos, los problemas con los demás, los conflictos, se pueden reparar en unas horas, en el mismo día; hay otros que tienen raíces, no son cosas que pasan en el día a día, son heridas que vienen de lejos, otros forman parte del carácter de esa persona. En estos dos últimos casos necesito tomar distancia cuando se producen ofensas; contribuyendo al conflicto no mejoro el problema, distanciándome, en esos momentos, no lo empeoro, muestro una posición, la de no estar dispuesto a sufrir maltrato. Para seguir queriéndome, queriendo a esa persona, no debo entrar en conflicto, debo protegerme, marcando límites, apartándome. No permitir el maltrato me acerca a la buena vida.