Hoy he vuelto a recaer en la impaciencia. Una mala noticia, noto cómo me perturba, cómo mis emociones se desequilibran, comienzo a querer quitarme de encima, ya, esa sensación de malestar. Me aparecen pensamientos de lo que creo que debería ser, no me doy un tiempo para poder ver las cosas de otro modo, de la manera en que las ve la otra persona, que también es parte afectada; no tengo en cuenta los motivos por los que ella decide una cosa y no la otra. Mi impaciencia se manifiesta, toma el control, saca mi peor parte, esa que hace daño, a mí, a los demás; comienzo a decir lo que pienso, noto cómo voy haciendo daño, no puedo parar, ya no hay vuelta atrás. Me doy cuenta de que he empeorado el problema, he generado más sufrimiento; se apoderan de mí los remordimientos, ese sentimiento que me hace sufrir, al saber que lo podía haber evitado, que había otra forma de actuar, derrotándome ante los impulsos de decir las cosas en un momento en el que me siento alterado. El daño que he hecho ya no tiene solución; ahora lo único que puedo hacer es reparar, cuando recuperemos nuestra serenidad, si puedo hoy, mejor, sino mañana. Mi ego ha vuelto a dejarse llevar por la impaciencia. Este va a ser un largo camino hasta que llegue a tener la humildad de derrotarme totalmente ante ella. No debo creer que ya me he liberado, necesito más tiempo para que este nuevo hábito, sufrir sin actuar, se vaya afianzando en mi naturaleza. No tener prisa por avanzar en este paso me acerca a la buena vida.