A través de conocerme llego a sufrir menos, a quererme. Cuando no estaba a gusto con mi vida, cuando me encontraba mal, sintiendo que no era yo, que los demás no me mostraban su afecto, su amor como yo quería, la soledad; el sufrimiento que sentía se manifestaba con los demás en forma de conflictos. El conflicto es como llamaba la atención para que los demás vieran mi sufrimiento. No sabía hacerlo de otra manera, no podía decir lo que realmente me pasaba, no sabía lo que era. Han sido en actos de aceptación primero, derrota después, como he podido liberarme. En mi parte física es más fácil manifestar si me duele algo, llamo la atención, un médico me calma. En las emociones es muy difícil, necesito un trabajo personal con El Programa. Cuando sufro tiendo a huir de mí, hacer como que ese dolor no existe; el sufrimiento, el dolor, es el que me lleva al conflicto. Saber esto me ayuda en las relaciones con los demás. Cuando veo a alguien que crea conflictos comienzo a entender que está sufriendo, que está pidiendo ayuda, sin saber cómo, de malas formas. Identificarme con esa parte suya, la que pide ayuda sin saber cómo, mal, hace que me sienta más cercano a él. Aprender que soy impotente ante los demás; poder evitar a las personas cuando están mal, acercarme cuando estamos los dos bien me permite poder ayudarle; evitar hacer el mal cuando mi intención era hacer el bien. Solo puedo ayudar a una persona que sufre cuando los dos estamos serenos. Tratar de entender los motivos que lleva a una persona a crear conflictos me acerca a la buena vida.