Yo mismo soy mi juez más implacable. Me genera un sentimiento perturbador cuando veo a las personas que quiero, hacer cosas que perjudican, a ellos mismos, a los demás. Este sentimiento es más grande cuanto más me involucro. Estoy viendo que a las cosas, a las personas las valoro según mi nivel de colaboración, de ver la vida. Si yo me involucro mucho en cosas, valoro si los demás lo hacen y me molesta si no; si yo colaboro poco no juzgo a los demás si lo hacen o no. Es el grado de compromiso con las personas, con todo, lo que marca mi percepción de lo bueno o malo en los demás. Cuando cumple mis expectativas está bien sino no. Esta forma de relacionarme dificulta mi prioridad; mostrar sentimientos de afecto, de amor hacia los demás; es la actitud que más me conviene para evitar pensamientos negativos, tristes, para evitar conflictos, para acercarme a la buena vida. Sentirme bien o mal según mi forma de ver la vida no es el camino; saber ponerme en el lugar del otro, desde su posición, edad, situación personal, social, profesional, familiar; entender mejor su comportamiento. Aceptar que las personas son imperfectas, no sobrevalorarlas, no infravalorarlas, poder convivir bien con sus comportamientos, esos que no se ajustan a mis expectativas; pensar que ellas hacen lo que pueden para tener una vida mejor; vivir yo la mía. Evitar ofenderme cuando los demás no cumplan mis deseos, tener más muestras de afecto. Esta actitud me ayuda en mi camino hacia la buena vida.