El conflicto separa a las personas. Estoy aprendiendo a relacionarme de otra forma, sin conflictos. Poder decir las cosas sin que nos hagamos daño. A través de mi derrota ante la impaciencia, sufriendo sin actuar, no dejándome llevar por los primeros pensamientos que me vengan, buscando los mejores momentos para plantear los problemas, de la mejor forma posible. Esta nueva forma de relacionarme hace que mejore los buenos sentimientos que tengo hacia mí, hacia los demás. Esto no quiere decir que consiga lo que me propongo. Lo que sí consigo es ser más generoso con el amor, dar más amor. El conflicto es la forma dañina de plantear los problemas, aunque en algunos casos pueda ser aconsejable, los daños que ocasiona son mayores que los beneficios que se consiguen. Todas las personas tenemos nuestra parte amorosa, la que tengo que buscar ante los problemas. Saber escuchar, ponerme en el lugar de la otra persona para intentar entenderla. Mi vida es corta; desperdiciarla con conflictos lo único que consigo es agredir, primero a mí, a los demás. No sacar el máximo a la vida es no quererme demasiado. Vivir mi vida, confiar en que los demás hacen lo que pueden para vivir mejor sus vidas; no manipularles para cumplir mis deseos, personales, profesionales, de seguridad; dejarles vivir sus vidas. Los conflictos nacen de querer que se cumplan mis deseos; poder manejar esto bien me acerca a la buena vida.