“Sin ningún temor hicimos un inventario moral de nosotros mismos” Es más fácil ver lo bueno e intentar evadirme de lo malo, pero el problema es que lo malo que hay en mí me hace sufrir, me produce dolor y ante esto me revelo, me siento mal pero me cuesta profundizar en ello, tengo temor a ver mi realidad e intento evadirme cuando no estoy a gusto conmigo. Para abordar esto primero tengo que superar ese temor, hacer un ejercicio de honestidad, de humildad aceptando mis limitaciones y la más evidente es que yo solo no puedo conseguirlo, necesito un Poder Superior que consiga sacar todo lo que me parecía imposible, que me ayude a verme sin nigún temor, a no agredirme cuando vea mis defectos, a ser compasivo conmigo en el sentido de no castigarme. Este Poder Superior me hace estar a gusto conmigo, aceptándome tal como soy, me permite conocerme en los aspectos que menos me gustan de mí, al conocerme puedo ver qué cosas me provocan dolor, verlas claramente pero sin juzgarme, solo contemplándolas como parte de mí, esto es necesario para tener un estado de bienestar, es a partir de aquí cuando ya sé sobre lo que tengo que tener una derrota total, sobre lo que más me hace sufrir, sobre los cuatro defectos que más daño me hacen y cuando salgan reconocerlos, poner toda mi buena voluntad para evitar que se manifiesten. Esto me permite estar mejor conmigo.