No sé cómo la he cogido, si por contagio, por mis genes, por hábito, la cuestión es que hay muchas ocasiones en que hago cosas que me destruyen, que me hacen mucho daño, con consecuencias dolorosas en el tiempo; unas veces las veo, las intuyo pero no puedo hacer nada para pararlas, es como si me produjera un cierto placer producirme daño, una especie de sadismo hacia mí, me veo cayendo hacia el lugar donde mis problemas se agravarán pero no puedo parar, algo me sigue empujando hacia el fondo. Hay otras veces que estoy a punto de hacerlas pero afortunadamente puedo parar, huir de la situación para no caer en la trampa. Sé que mi estado emocional me tiende trampas que caigo en ellas si no estoy atento para desenmascararlas. En esos momentos en que siento la autodestrucción en forma de razón, mi razón, una razón que no me sirve al estar alterada en esos momentos por las emociones perturbadas. Es cuando ignoro a mí intuición, no la hago caso, pienso que mi razón tiene más criterio, sin embargo la intuición es la que me dice vete y deja la situación para otro momento en el que tus emociones estén tranquilas. Llegado a esta situación necesito entrar en contacto con mi parte más íntima, siempre la encuentro en la soledad de la Naturaleza y en el contacto con personas que también busquen su parte más íntima de una manera honesta, es ahí cuando busco a mi Poder Superior, Él me dice lo que me está pasando y lo que debo hacer para causar el menor daño posible a mí y a los demás. Desenmascarar a mi autodestrucción es lo que me ayuda a encontrar la buena vida.