No es lo que me gustaría sino lo que puedo con ello. “Hicimos una lista de todas aquellas personas a las que habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos”. Este Paso Ocho ya lo di hace nueve años. Desde entonces he podido reparar el daño, reconciliarme con la mayoría de las personas cercanas. Ahora quiero hacer una nueva lista de personas con las que no pude reparar entonces, a las que no estaba dispuesto a perdonar. Comienzo a sentir la necesidad de ponerla en la lista, de afrontar que, por mi bien, por el de esa persona, por el bien de todos, necesito perdonarla,  de una forma sincera. Me vienen pensamientos de las cosas buenas que ha hecho ese persona, lo que ha contribuido a que otros estén mejor. Reconozco que me siento inseguro de si seré capaz de poder tener una relación sana con ella. Aquí se que no es mi voluntad la que manda; son mis sentimientos, mis emociones, las que me dominan. Yo pondré toda mi buena voluntad pero es muy posible que el resultado no sea el que me gustaría; sea el que sea, lo importante es no acabar haciendo el mal por querer hacer el bien; no acabar haciendo daño por querer tener una mejor relación con esa persona. En este Paso no puedo dejarme llevar por la razón, no se trata de ver si el daño que yo causé estaba justificado por los comportamientos que tuvo, por lo que él dijo, por lo que él hizo. Se trata de ver lo bueno de esa persona; tener motivos que me ayuden  a perdonar. En este Paso quiero poner toda mi buena voluntad para poder perdonarle. El perdón me acerca a la buena vida.