Llegar a un sitio, ver a un grupo de personas, mirarles a los ojos cuando hablan de cosas que nunca me hubiera imaginado, cosas que afectan a su parte más íntima, cuando oigo como se desnudan moralmente, ponen al descubierto sus partes más oscuras, sin dramas, sin autocompasión, solo las describen, las ven como se ve algo desde fuera, sin resentimientos, sin dolor, con un mensaje de fondo, quiero cambiar, dejar de hacerme daño, de hacer daño, basta ya. Una conexión, en un instante yo me vi haciendo como ellos, dando mi testimonio de lo que me estaba hacien infeliz, sabía que nadie me iba a juzgar, que lo que estaba diciendo no iba a transcender de ese lugar, que podía descubrir a la luz de ese sitio todo lo que me perturba, me angustia, verlo claro, desenmascarar mis propias trampas, decir cosas que de pronto me hacían ser consciente de una realidad que la tenía escondida, que no me gustaba verla, huía de esos pensamientos porque me hacían daño, ahora los digo sin temor, oigo sus testimonios que me revelan cosas de mí, siento que sus emociones se identifican con mis emociones, todo de una manera tranquila, en un ambiente afectuoso, donde la sensación que me llega es de un sentimiento fraternal, de unidad. Sé que no puedo hacer nada por ellos pero sí puedo hacerlo por mí. Sé que compartir es algo que se encuentra en el lugar donde está la buena vida.