Una de las emociones que más han influido en mi autodestrucción es la culpabilidad. Yo generé esta emoción a partir de la preadolescencia, hacía y decía muchas cosas que aún sin sentir entonces el arrepentimiento me cargaba de una sanción social, con el tiempo también mía; poco a poco se fue instalando en mí la culpabilidad. Esta emoción se fue extendiendo, de una manera o de otra cuando pasaba algo malo en mi círculo íntimo me sentía culpable. Llegó un momento en que los remordimientos no me dejaron vivir tranquilo, tenía que estar a menudo pidiendo perdón, no bastaba, la emoción volvía a aparecer. Ahora esto ha cambiado, cuando pongo mi buena voluntad, en lo que hago o digo, no me siento culpable de lo que pase. La sensación de culpabilidad sólo la tengo de mi vida, sobre la influencia que pueda tener sobre otras personas no me puedo sentir culpable, creo que cada uno tiene la libertad de elegir sobre lo que sea; salvo en mis hijos cuando son pequeños que los tengo que enseñar a ser libres, pero sino lo consigo no tengo el sentimiento de culpabilidad, he puesto toda mi buena voluntad. Sólo en el caso de que actúe de mala fe sentiría culpabilidad, si los resultados son malos. La culpabilidad he visto que sólo sirve para autodestruirme, necesito ser consciente para no dejar que salga. Creo que enfrentar mi buena voluntad con mi culpabilidad es la mejor forma de ganar, de acercarme a la buena vida.