Durante mucho tiempo he sentido como la desconfianza se ha ido instalando en mi naturaleza, la he justificado con muchos argumentos, como que es buena para mantener la pareja, para sentirme correspondido por mi esfuerzo de fidelidad, aislándome del resto de las personas para evitar situaciones que puedan perjudicar a nuestra relación. Detrás se escondía una gran inseguridad a perder a esa persona, un excesivo temor a no poder afrontar la vida sólo, un temor a vivir mi propia vida. Ahora he visto que cuando la desconfianza se me manifestaba era para poder controlar la vida de otros. Para poder estar yo bien, en un estado no de felicidad sino de satisfacción con la vida, la persona sobre la que vuelco mi desconfianza tenía que hacer lo que yo quería, tenía que comportarse como yo quería. Sólo me encontraba bien si la persona hacía lo que yo creía que era lo correcto. El compromiso entendido como obligación, la fidelidad como posesión. Sólo a través de la derrota total ante la desconfianza he podido liberarme de ella, cuando noto que va a manifestarse se la dejo a mi poder superior, me derroto ante ella; siempre que la he permitido manifestarse he perdido, yo, la persona, los demás que están en ese círculo. Ahora siento que esto pertenece a mi pasado oscuro, mis relaciones están basadas en otros valores, ya no siento el temor a perder las relaciones, ha mejorado mi autoestima, me he acercado a la buena vida.