Todo comienza en mí y acaba en los demás, yo soy el comienzo de lo que me puede ayudar a tener una buena vida, a ser feliz. Si yo logro estar bien podré aportar a los que me rodean un estado de bienestar, si yo me quiero podré dar amor a los demás, si yo busco y consigo la tranquilidad podré transmitir paz a los que están conmigo, si consigo una buena situación económica podré compartirla con mi familia, amigos y con quién yo quiera, si logro tener salud podré ayudar a que los demás la tengan. Todo nace en mí. En vez de intentar cambiar a los demás y al entorno para que hagan lo que a mí me aporte bienestar tengo que cambiarme yo para ayudar al entorno a estar bien. Todas mis acciones desinteresadas hacia los demás deben tener como principio mi interior, mis propios fines e intereses. Esto que parece algo egoísta se convierte en todo lo contrario; mi mejor fuente de felicidad es cuando puedo compartir y dar a los demás. Solo si consigo tener salud, una buena economía, paz, libertad, la puedo compartir. Es cuando yo me trabajo, tomo conciencia de esto y lo voy logrando, cuando puedo aportar algo a mi entorno. Por eso para mí no existe la idea de lo bueno o lo malo general, son dogmas, solo existe la idea de si es bueno para mí y me hace el bien o si es malo para mí y me hace el mal, me perjudica. Lo que me hace el bien podré compartirlo con los demás y lo que me hace el mal compartiré el sufrimiento con los demás.