Cuando comencé a escribir, sobre la buena vida, estaba practicando el Paso Nueve. Al principio, durante los cinco primeros años, creía que ya podría mantener relaciones sanas, afectivas. No fue hasta el sexto año, de estar en este Paso Nueve, como a través de un conflicto pude darme cuenta de que la impaciencia me impedía tener relaciones sanas, afectuosas. A través de un trabajo, que creía solidario, comencé a manifestar mi defecto de carácter, la impaciencia. No solo quería que se hiciese lo que yo pensaba sino que lo quería, ya. Fue al sexto año de estar en el Paso Nueve cuando vi que todavía tenía que hacer un trabajo en el Paso Siete, derrotarme ante la impaciencia. Retroceder del Paso Nueve al Siete me ha permitido ser mejor, poder relacionarme mejor. Ahora veo cómo las cosas las puedo intentar conseguir de otra manera, sin conflictos. Conocerme, aceptar mis defectos de carácter, los que más daño hacen, a mí, a los demás, perdonarme por ellos, trabajarlos para intentar que no se manifiesten, es lo que me permite acercarme a la buena vida. Poder liberarme de solo uno de mis defectos de carácter es un camino que me lleva años, por eso necesito identificarlos bien, para poder dedicar toda mi energía a los que más daño causan. Tengo que aceptar que habrá muchos defectos a los que no podré atender, no puedo ser perfecto, pero si puedo ser mejor. Son algunos de mis defectos de carácter, los que nunca había querido ver, los que me acercan a la buena vida.