Hoy he vuelto a derrotarme ante la impaciencia. Una persona muy cercana, se encuentra emocionalmente alterada; creo que tengo que hacerla una crítica, cuando ella ha generado malestar, mi razón me dice que se lo diga en ese momento, siento unas ganas imperiosas, con la justificación de que la crítica que tengo que decirla es para hacer el bien,  es lo que más le conviene oír, para que su vida, la nuestra, mejore. Hoy mi sano juicio me ha dicho que no haga caso a mi razón, que me derrote ante la impaciencia, que espere a decirle lo mismo pero en otro momento, uno en el que este, estemos, más tranquilos. Dejo pasar el tiempo, la observo, veo que su estado de ánimo ha cambiado, más relajada, más cercana. Entonces se lo digo. He podido derrotarme ante la impaciencia. En el momento adecuado, se lo he podido decir de la manera adecuada. Ella ha reaccionado un poco desconcertada, al plantearla un asunto que ya había pasado; al cabo de unas horas he recibido un mensaje suyo, de agradecimiento. Evitar hacer el mal por querer hacer el bien, evitar hacer daño por querer ayudar a estar mejor; poder derrotarme ante la impaciencia, sufrir sin actuar, ha logrado que mejore mis relaciones con esa persona, con los demás. Reconocer a la impaciencia cuando se quiere manifestar, derrotarme ante ella me acerca a la buena vida