Lo ideal sería que cuando me pisen pueda responder de forma asertiva, haciendo ver a la otra persona, de forma adecuada, que me ha molestado; cuando suceda algo en lo que me vea perjudicado pueda defender, de forma adecuada, mis derechos; que cuando alguien haga o diga algo con lo que no estoy de acuerdo pueda manifestar, de forma adecuada, mi punto de vista. Lo que antes me pasaba, habitualmente, es que no llegaba a manejar mis formas, ni el tono, ni los tiempos; lo decía de forma conflictiva, creyéndome el ofendido; y aunque en ocasiones llevara razón, perdiéndola. Cuando hay algo en lo que me siento perjudicado y no puedo en ese momento manifestar mis sentimientos, es muy posible que aumenten mis resentimientos hacia esa persona, pero esos malos sentimientos tengo la posibilidad de repararlos en el día, con esa persona y conmigo. Con esta actitud de derrota ante los primeros impulsos, de saltar para manifestar los sentimientos de verme perjudicado, logro con el tiempo ir siendo más asertivo. Con estas continuas derrotas ante la impaciencia voy logrando hacer menos daño, pudiendo decir lo que pienso sin atacar, menospreciar, ni insultar al otro; pudiendo defenderme de ataques, pudiendo responder ante lo que yo creo injusto o falta de razón. Pero esto no es algo que me salga de forma natural, justo lo contrario, lo que me salía de forma natural es el conflicto; ser asertivo lo tengo que aprender, desde la humildad para derrotarme ante la impaciencia.