Tener esa sensación de que todo está bien, de que nada es tan dramático como para que no me guste esta vida, para amargármela. Todo está en mi actitud, en cómo me tomo los problemas. Esa sensación de desdramatizar me va saliendo cada vez más de una forma natural, ser capaz de elevarme ante los problemas, dejar de ver solo mi pequeño mundo, elevar la vista al universo me ayuda; pero cuando nada me sirve hay una cosa que no me falla, salir a andar por la montaña. Todo tiene en mi vida la importancia que quiera darle, mientras esté vivo. Es mi actitud la que hace que me tome las cosas de una manera determinada. Sentir que puedo tomar otro camino, ese que evita el conflicto, aunque sea más largo, más difícil, es más agradable, hace que me sienta más espiritual, más unido a los demás. Sentir el control de mi vida, de que lo bien o mal que me encuentre depende, no tanto de lo que me pase, sino de mi actitud, de cómo me tome las cosas. Sentir que siempre tengo opción de hacer las cosas de otra manera a como las hacía antes, sin impaciencia. Esa actitud que valora, no llegar sino, el camino que me lleva a mi objetivo. Son los pasos que doy los que deben importarme, no finalizar El Programa. Para esta actitud necesito derrotarme ante la impaciencia, con ello logro poder tomarme con calma todas las situaciones en que me vea humillado, atacado, perturbado, enfadado, lo que sea. Sentir la fuerza de que la actitud ante lo que me suceda depende de mí, me acerca a la buena vida.