Vivir una vida sin conflictos, esto sería lo más parecido a una buena vida. Tener problemas, poder sentir la fuerza de que de mí depende el que genere el conflicto, o no. Una persona me plantea un problema, en ese momento me hace sentir, enfadado, molesto, me siento afectado, ese problema me perjudica, pienso que llevo razón, tengo todos los ingredientes para entrar en conflicto, paro un momento, me derroto ante la impaciencia, intento evitarlo, no lo consigo, la otra persona continua con el problema, busco dentro de mí la fuerza para parar, para no manifestarme, de alguna manera busco la forma en cómo aplazar el problema, cómo puedo hacer ver a esa persona que no estoy en el momento adecuado para hablarlo, para afrontarlo; le intento hacer entender que necesito un poco de tiempo para aclararme, me vuelvo a derrotar ante la impaciencia, le demuestro mi vulnerabilidad ante la situación, en ese momento estoy alterado, necesito verlo con calma. Esa persona no lo sabe pero también le estoy dando un tiempo para calmarse, para que pueda entenderme mejor cuando me explique de una forma adecuada, tranquila. Creo que en eso consiste acercarme a la buena vida, en afrontar los problemas, sin conflictos. Estoy viendo cómo desde que me estoy derrotando ante la impaciencia cada día estoy teniendo menos conflictos. Esto hace también que los problemas los vea menos dramáticos al no agravarlos con los conflictos. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.