Desde que comencé este Paso Siete, cada día, he puesto mi buena voluntad en un propósito, derrotarme ante la impaciencia. Un defecto de carácter que me hace entrar en conflicto con los demás, que no me deja disfrutar de la vida, de las personas. Conocerla, estar atento a sus manifestaciones, unas veces claras, otras de forma sibilina; no dejar que se oculte, desenmascararla. Aunque todavía no he llegado a liberarme de ella, hoy veo cómo he mejorado. Lo noto en mi relación con los demás, más relajada, pudiendo sufrir sin actuar, evitando que muchos problemas se conviertan en conflictos; en mis compromisos, pudiendo ver de lo que soy capaz sin caer en el estrés; en mi trabajo, abarcando más tareas sin angustias; en general estoy viendo cómo me está cambiando la forma de vivir, mejor. Mi carácter se está relajando, mi expresión de la cara menos tensa, más serena. El Programa, en su Paso Once, me sugiere que practique la meditación; desde hace veinte meses que la estoy practicando, tengo que reconocer que me está ayudando. Meditar, con atención a la respiración, hace que esté más en contacto conmigo; al respirar mejor me siento más calmado, mi actitud no es tan impulsiva. Cuando identifico que se va a manifestar la impaciencia, la meditación me ayuda a tomar contacto con mi respiración, me ayuda a relajarme, a derrotarme ante Ella. Comienzo a ver el poder que tiene la meditación, eso me anima a continuar por este camino. Meditar me acerca a la buena vida.