Vivir mi vida, dejar vivir la de los demás. En esto se basa la buena vida. Cada uno vive su vida lo mejor que puede. Necesito preocuparme más de vivir la mía que de controlar la vida de los más queridos. Querer hacer el bien, acabar haciendo el mal; esa es mi constante. Necesito aprender a tomarme las cosas de otra forma, mejor, menos dramática, menos invasiva, menos emocional, con más humor. Es mi actitud la que necesito mejorar, esa que valora la vida, la que intenta disfrutar de las relaciones con los demás por encima de nuestras diferencias. Es la actitud de buscar las cosas que me gustan, que me convienen, la que se centra en estar primero yo bien para poder aportar cosas buenas a los demás. La actitud que no deja que los problemas de los demás los sienta como propios sino que hace lo que puede por ayudar, soltando los resultados. Intentar vivir mi vida, dejar vivir la de los demás es lo que me da serenidad; un sentimiento de libertad para construir la vida que me gustaría, esa en la que no me autodestruyo, no me agredo ni mental, ni físicamente; es la que busca las cosas que me aportan alegría, bienestar, felicidad. Sentir que yo soy el arquitecto de mi vida, que de mí depende derrotarme ante la impaciencia para acercarme a la buena vida.