Ser vulnerable, aceptar la humildad, aprender a amar. Estas tres cosas son las que me hace ver el Paso Siete. De pronto veo cómo mi vida es frágil, cómo en cualquier momento puede desmoronarse, como ya lo hizo, sin que yo haga nada para provocarlo. La sensación de darme cuenta que soy vulnerable me hace ver las cosas de otro modo, saber que la vida que tengo hoy, puede cambiar radicalmente mañana; que hay factores externos que no controlo, que me superan; todo esto hace que aprecie más el día de hoy, que hoy ponga todo lo que pueda de mi parte para buscar mi sano juicio, vivir mejor, hacer la vida mejor a los que están conmigo. La vulnerabilidad me ha llevado a otro camnino, el de la humildad, a través de ella comienzo a ver mis limitaciones, veo cómo aunque no quiera caigo en mis defectos de carácter, en los comportamientos que hacen daño, a mí, a los demás. Es la humildad la que me permite no ofenderme ante las cosas que no son cómo yo quiero, cuando no me traten cómo yo quiero; es Ella la que hace más pequeño a mi ego, esa parte de mí que es egoísta, que solo mira por su bienestar. A través de la humildad puedo cambiar mi actitud, tomarme las cosas de otra manera, sin que la parte mala de mi ego intervenga. La humildad es la que me lleva a otro camino, el del amor. Cuando logro no ponerme yo en primer plano, aparecen los demás. Es aquí cuando entro en mi parte más espiritual, la que me permite sentirme más cercano a los demás, mostrarles mi lado bueno. Este Paso Siete me está acercando a la buena vida.