Hay momentos en los que me siento más libre, una sensación de bienestar que me hace ver la vida como una aventura, en la que todo puede suceder. Siento una motivación que me reconforta, me encuentro abierto a conocer a gente nueva; a vivir lo que hago como si fuera nuevo, encontrarme satisfecho al intentar hacerlo, no como algo rutinario, sino como algo que me permite sentirme útil, en lo que puedo poner mi imaginación para hacerlo de otra forma, mejor. Esos momentos son en los que me siento liberado del peso de la vida, de mis responsabilidades, tomándolas como algo divertido. Al poder soltar el control de todo, entro en una nueva actitud, esa que no espera que todo sea seguro, que siente que puede afrontar las cosas sin que el resultado sea el que quiero, sin temor a lo que suceda. Esa nueva actitud que asume que soy vulnerable, que no puedo tener el control de todo para que mi vida sea segura, que hay una parte de ella en la que tengo que asumir que será lo que sea. Vivir aceptando la inseguridad, hace que saque mi espíritu de aventura; la actitud que me deja disfrutar más de la vida al quitarme los temores a que las cosas no salgan como a mí me gustaría; la que tiene confianza en que podré vivir en otras condiciones, siempre que ponga toda mi buena voluntad en tener sano juicio, ese que me guía cuando tomo decisiones, el que me ayuda a que sean las que me conviene. Soltar el control, aceptar esa parte de inseguridad en mi vida, sacar mi espíritu de aventura me acerca a la buena vida.