Antes, los días malos eran tan potentes que me hacían ver que toda la vida era igual, ahora en los días malos, aunque siento todo el peso de su poder, sé que ese día tiene su fin, que esos momentos son por un tiempo, que después vendrán otros días en los que todo lo vea bien, en los que esté encantado de disfrutar de la vida. El Programa me ha enseñado a manejar los malos momentos, ahora los padezco, pero son menos dramáticos, menos intensos, más cortos. Son esos días malos cuando tengo que mirar más por mí, por estar bien alimentado, descansar, dormir bien, no someterme a situaciones si las puedo evitar, dejarlo pasar sin intentar cambiar nada, mientras dure ese estado. Son estos momentos de cuidarme con los que voy ganando mi amor propio. El amor a mí mismo tiene su origen en el sano juicio, ese que me permite elegir de entre lo que quiero lo que me conviene, las personas, las cosas, las actitudes, las sustancias, los pensamientos, lo que digo, lo que hago, los comportamientos que me convienen. El Programa me enseña a mejorar lo que soy, a vivir mejor con lo que tengo. Todo esto comenzó al tocar fondo; El Programa me da una salida en el Paso Uno, derrotarme ante la vida que llevaba, después en el Paso Dos y Tres me muestra a un Poder Superior para que elimine los temores que tengo de verme a mí mismo, mis partes oscuras, las que no quise ver. Es en los Pasos Cuatro, Cinco, Seis y Siete cuando sin ningún temor puedo verme, describir cómo soy, perdonarme por todo, lo que dije, lo que hice mal; trabajarme para intentar evitar que esos defectos de carácter se manifiesten. Esta es la parte más difícil, la que más trabajo me ha llevado, de años. Pero tiene su recompensa en los Pasos Ocho y Nueve, comienzo a relacionarme de una manera más sana, afectuosa con los demás, mi vida comienza a ser más alegre, divertida, comienzo a mostrar mis mejores sentimientos, mis mejores caras, comienza a manifestarse mi mejor parte, me siento más unido a los demás, a la vida. Después de llegar al Paso Nueve vi algo en mí que necesitaba mejorar; en muchas ocasiones seguía queriendo hacer el bien para acabar haciendo el mal, sentía que necesitaba ser útil a los demás; la impaciencia se interponía; por lo que decidí volver a trabajarme el Paso Siete. Ayer volví a caer en Ella, aunque no surgió el conflicto, vi cómo, para conseguir lo que quiero, ya, la impaciencia se manifestaba, salía mi parte intransigente, mi parte borde. No tengo prisas, sé que es una camino largo, que necesita mucha perseverancia; pero tengo una ventaja, ese camino ya lo he andado, con la ira, con los celos, con la desconfianza; ahora me siento más liberado de ellos. Para tener una buena vida necesito tener una buena relación con los demás; la impaciencia es el obstáculo para ello, necesito derrotarme ante Ella.