Un nuevo sentimiento comienza a ser habitual, el de amar. Lo que comenzó con momentos esporádicos, con la repetición se está convirtiendo en algo frecuente. Lo que antes lograba cuando conectaba con mi parte más espiritual, ahora logro sentirlo más fácilmente. La tranquilidad que me da saber que si, solo por hoy, logro tener sano juicio, ese que hace de lo que quiero solo lo que me conviene, podré, no tanto hacer el bien, sino dejar de hacer el mal, de no perjudicar, de no hacer daño. Esta situación aunque no es la que más me gustaría tener, es la que me está permitiendo sentirme más unido a los demás. Es a través de esta actitud, que llevo practicando algún tiempo, como comienzo a creer que sí puedo ser de ayuda a los demás. Un acto de amor superior al de no hacer daño. Aunque todavía es más una esperanza, siento que podría hacer el bien sin llegar a hacer el mal. Este sentimiento de amar ha sido una consecuencia de las muchas muestras que, hace ya tiempo, comencé a tener de cuidarme, física, mental, emocional, espiritual, personal, material, profesional, en mis relaciones con los demás, en todo; pero el momento donde comencé a sentir de una manera más intensa esta emoción fue el día que me sentí más vulnerable, el día en que me sentí más humilde, cuando me di cuenta de lo poco que podía hacer ante las cosas que me superaban, ante lo mucho que podía hacer en cómo vivir mi vida, con amor. Ese día lo entendí, lo más valioso que puedo dar es amor.