Aparecen cuando ya no les esperaba. Mi sano juicio hace que evite situaciones en las que mis defectos de carácter se podrían manifestar, es el que me protege de caer en problemas, en conflictos, de sufrir. El Programa me lo va dando, si lo trabajo. Cuando logro estar una temporada larga en ese estado comienzo a pensar que ya me he liberado totalmente de mis defectos de carácter, esto no es así, lo que me he liberado es de manifestarlos. Entre una mala vida y una buena vida lo único que me separa es mi sano juicio. Creer que por llevar años trabajándome, humildemente, los defectos de carácter se me van a ir, es una ilusión, pueden aparecer en cualquier momento, solo me bastaría ir con una persona que tiene algo que los saca, tomar una sustancia que los provoca. Para evitar a esa persona, a esa sustancia, necesito aceptar que, aunque me gustaría, no puedo estar con ella, no puedo tomarla. Hay personas que puedo evitar, otras, familiares, no; tener valor para apartar a personas que me hacen daño, aceptar con serenidad a las que no puedo evitar, es lo que me tengo que trabajar. No tengo que vivir con temor pero tampoco tengo porque exponerme al riesgo, mi sano juicio me dice lo que me conviene, solo tengo que escucharle, dejarme guiar. El Programa, los grupos me ayudan a encontrar otras fuentes de bienestar, las cosas que me gusta hacer, las que puedo aprender, el amor, la compasión, la amistad, la espiritualidad. Saber que soy vulnerable me acerca a la buena vida.