Una persona hace, dice algo que choca contra lo que yo pienso, lo que yo quiero; si alguno de los dos estamos alterados, poder sufrir sin actuar, dejarlo para otro momento, mejor. Poder derrotarme ante la impaciencia es un acto de amor, conmigo, con esa persona. Para poder amar a los demás he necesitado aprender a amarme primero a mí. Para poder tener una actitud paciente hacia los demás la necesito aprender antes conmigo. Es a través de este Paso Siete cómo voy sintiendo, cada día, actos de amor, al tratarme mejor a mí mismo, al derrotarme ante mis defectos de carácter, esos que hacen daño a mí y a los demás, estoy mostrando un sentimiento de compasión, de amor hacía mí. No hay atajos, tengo que hacer primero el camino largo, el que me lleva a conocerme, como la única manera, poniendo toda mi buena voluntad, de mejorarme, de ir logrando, muy despacio, solo por 24 horas, con avances y retrocesos, que no se manifesten mis defectos de carácter. En este Paso Siete recupero el sano juicio, algo que me prometió El Programa en el Paso Dos. Para conseguirlo me pidieron dos cosas, una, que ponga mi buena voluntad; la otra, que no desespere, que siga avanzando por el camino de los pasos, sin prisas, para irme acercando a la buena vida. Derrotarme ante la impaciencia me ayuda a andar por este camino, aún en los momentos malos, cuando todo lo pongo en duda. Aprender a amar no es algo que consiga, así, sin más, necesito dedicarle tiempo, trabajo, buena voluntad. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.