Durante más de veinte años, desde que comencé este paso, he tenido constantes recaídas, constantes remordimientos, constantes derrotas, he buscado a través de la humildad acercarme a la buena vida pero todo ello no habría sido posible sin poner mi buena voluntad. Ha sido gracias a ella como he podido llegar a ser honesto conmigo; dejar de huir de la verdad, de mí. Cuando tengo una recaída en uno de los defectos que me estoy trabajando no puedo evitar padecer los remordimientos, pero al ser consciente de que he puesto toda mi buena voluntad en evitarlo no siento culpabilidad. Esto hace que me libere de algo que me ha atormentado durante mucho tiempo, los sentimientos de culpabilidad. La buena voluntad me acerca a la buena vida, es generosa conmigo. No se trata de la voluntad de hacer algo sino desde el sentimiento de humildad, aceptar mis limitaciones, saber que no soy perfecto, que aunque caiga en mi lado oscuro, mi buena voluntad me permite ser compasivo conmigo, sin hacer como antes, siendo mi peor juez. En este paso ya no se manifiestan los comportamientos autodestructivos como antes, voy recuperando el sano juicio, ese que intenta evitar que salga mi peor parte. Lo que más define a este paso es la liberación que voy sintiendo al ir dejando poco a poco de manifestar lo que no quiero manifestar. Es a través de mi oración diaria cuando tomo conciencia de todo esto, cuando me recuerdo lo que es más importante, lo que me acerca a la buena vida.