La impaciencia puede parecerme que en muchos casos es conveniente, pudiera contrarrestar la actitud pasiva ante las cosas; lo que tiene de malo la impaciencia es lo que hace que tenga conflictos, conmigo mismo, con los demás. Es el sano juicio el que me tiene que decir si me conviene. No me compensa ganar cosas, afectos, lo que sea, a costa de conflictos. Creo que todos los conflictos son innecesarios, pensar esto no me protege de ellos, pero es mi camino; creo que la impaciencia es la que los genera; mi sano juicio me advierte de si, aunque lo quiera, me conviene. Puede ser que haya muchas ocasiones en que me note parado, que no soy yo, que lo que se me pide es que sea resolutivo, enérgico, lo que hasta ahora he sido, pero esas actitudes tienen un precio que mi sano juicio no quiere pagar, la soledad. Mi sano juicio me dice que para tener, para mantener relaciones sanas y afectuosas, la impaciencia es un obstáculo, es la que me separa de esas personas. El programa me pide una actitud paciente ante mi recuperación, ya ha pasado el tiempo en el que me agredía por mis defectos de carácter, huyendo de ellos, no queriendo verlos, escondiéndolos en lo más profundo de mí, un secreto que solo yo conocía, que tenía terror a que los demás se dieran cuenta; esos días ya se han quedado atrás, ahora puedo verme con mis defectos, unos sintiéndome liberados de ellos, otro como la impaciencia, intentando conocerla bien para poder derrotarme ante ella, poder acercarme así a la buena vida.