Darme cuenta. Ver cómo la impaciencia está arraigada en mi más profunda naturaleza. Una vez que entro en algún asunto que requiere mi atención, algo que se necesita hacer, es entonces cuando la mayoría de las cosas que pienso, que digo, que hago, mi forma de moverme, de actuar, están aceleradas. Necesito ser consciente de ello. La única manera de que no manifieste la impaciencia hacía otros es comenzar por no manifestarla hacía mí mismo. Me ofrezco para ayudar en un trabajo, comienzo a pensar cómo abordarlo, mis pensamientos no se centran, van de un sitio a otro sin orden, rápidos; comienzo a realizar algo, deprisa, mi mente está puesta en el final, una ansiedad por acabar me mueve; mi forma de pensar, de expresarme, de comportarme, están bajo la influencia de la impaciencia; ante cualquier contratiempo me desespero, cualquier persona que entra en mi círculo la hago sentir mal, no puedo mantener una relación así, me aíslo. Es cómo yo me trate como trataré a los demás. Esta experiencia personal sobre El Programa de Doce Pasos parte de un cambio interior, después de todos estos años veo que funciona, es capaz de cambiar mi naturaleza. Este Programa no se basa en tratar de saber las cosas, se basa en, con mucho tiempo, convertirlas en hábitos, en algo a lo que ya por siempre estaré vigilante, a lo que solo por hoy le dedicaré mi atención para no dejarles, a los defectos de carácter que he elegido, ningún sitio donde esconderse. Entonces veo que voy mejorando la relación conmigo, con los demás.