Sentir que soy codependiente es tener unas relaciones con los demás que me hacen sufrir hasta el punto de que me cuestiono mi vida. Sentir que no soy codependiente es darme valor, ese que me hace no sufrir tanto aunque las personas a las que quiero no me traten como a mí me gustaría, no me quieran como a mí me gustaría, aunque se alejen de mí. Es el valor que hace que los demás también me valoren por cómo me siento, por lo que hago, por cómo les trato. Liberarme de la codependencia es aprender a hacer cosas que ayuden, a mí, a los demás a tener una vida mejor, más tranquila, más divertida, mas lo que sea. Al buscar mi propia vida estoy poniendo de mi parte todo lo posible para evitar que las relaciones personales me hagan daño. Al poder liberarme de cómo me tratan los demás bajo mi nivel de sufrimiento. No se trata de no poner límites, se trata de que pase lo que pase pueda recogerme en mi interior para sentirme querido, por mi. Este amor es el primero que debo trabajarme, antes de querer llenarlo con el amor de los demás. Para no ser una persona codependiente he andado dos caminos, uno es el de la derrota total ante el control de la vida de los que están conmigo, a partir de ahí he comenzado una nueva forma de relacionarme, más sana, más afectiva, menos manipuladora, menos posesiva, más libre. El otro camino ha sido comenzar a conocerme, saber qué partes de mí hacen daño, a mí, a los demás; para acercarme a la buena vida he necesitado liberarme de esas partes.