Una de las maneras más frecuentes en que se me manifiesta la impaciencia es en los desacuerdos, la otra persona opina diferente a mí; es más en lo personal cuando se me desata la impaciencia, manifestándome con argumentos que quieren zanjar la polémica lo antes posible, buscando frases contundentes que me den la razón, como si temiera perderla, como si el temor a que no se logre acordar, lo que yo quiero, me haga ponerme en una actitud de ataque. El Programa logra que repare antes, que aunque tenga conflictos estos no duren en el tiempo. Valorar las relaciones por encima de la razón es una de mis guías, aunque en muchos casos no me es suficiente. Creo que muchas cosas de lo que pienso las debo decir, aunque en algunas entre en conflicto, es aquí cuando me debo derrotar ante la impaciencia, poder decir las cosas sin temor a que no salgan como yo espero, sin intransigencias que me hacen no escuchar, sentenciar. No caer en la esfera emocional de la otra persona, distanciarme a la vez que ralentizar mis manifestaciones, sin hacerla sentir que no me interesa lo que dice, al contrario mostrando interés. No se trata de no valorar mis pensamientos, sino que ellos deben estar supeditados a las buenas relaciones, ellas son las que me hacen la vida mejor o peor. Poder marcar mis límites, los suyos, con acuerdos. Más que si me preocupo del equilibrio emocional de la otra persona, me ocupo del mío, eso será la mejor manera de ayudarme, de ayudarla; de acercarnos a la buena vida.