Con el tiempo se me olvidaba lo que viví hace ya muchos años, cuando comencé por primera vez a trabajar este Paso Siete; no fue por desidia, ni por casualidad por lo que estuve en este paso quince años, sino porque para liberarme de la ira, de la envidia, de los celos, tuve que sentir muchas veces lo que ahora estoy sintiendo: que no lo voy a lograr, que no podré liberarme de este defecto de carácter, la impaciencia, que me lleva a la soledad. Podría abandonar, dejarme llevar por ese sentimiento de verme mejor de lo que soy, de llevar a lo más profundo de mi intimidad este defecto de carácter, intentar que no se me note, mirar para otro lado cuando se manifieste, justificarlo con el comportamiento de los demás, buscar motivos para no sentirme culpable de las consecuencias, todo esto sé que lo único que me lleva es a la soledad. Hubo un momento, cuando entre en los grupos, hace ya 26 años, en el que se despertó en mí un ansia por ser mejor, desde entonces no he podido evitar seguir trabajando El Programa, que es el que me marca el camino. Ahora mi vida tiene un sentido, ayudar a otras personas a que sus vidas sean mejores, a que sea mejor la mía. Para eso necesito liberarme de la impaciencia. Ahora no podría mantener una actitud de huida, necesito ver a mi enemigo de cara. Derrotarme ante él, aceptar que es más fuerte que yo, no atender a razones que vienen de mi ego, aceptar que cuando se manifiesta siempre pierdo, aunque lleve razón.