La impaciencia me enfrenta a los conflictos. Me gustaría ser como el agua, pasar a través de los conflictos, deformándome, sin ofrecer resistencia; evitar ser como el muro, que se enfrenta a ellos. Saber esperar a que el tiempo haga su trabajo, reequilibre las emociones. Cuando me surge un conflicto, querer esquivarlo, hay algo en mí que no me permite apartarme del todo, doy con él, aunque solo sea en una parte de mí; es como si fuera adicto a los conflictos, como si me dieran vida. Hoy se ha creado un conflicto, los he podido llevar a la montaña, se ha solucionado bien. He sabido dejar que el tiempo haga su trabajo, no es pasar de la persona, no es que mi actitud no busque una solución; es no hacer, no hablar cuando la otra persona no está en disposición de escuchar. Poder darla tiempo a que se calme, a que equilibre sus emociones, a que recuperemos el sano juicio. Poder derrotarme ante la impaciencia a impedido que el conflicto se agrave, que haga, que diga cosas por las que los remordimientos me hagan sufrir. Tener que reparar es necesario para estar bien, mejor es sufrir menos, no tener que sentir los remordimientos para amar. Buscar a mi Poder Superior, ir a la Naturaleza, recuperar el sano juicio, ese que me dice, de entre lo que quiero, lo que me conviene; darme un tiempo, unos momentos, unas horas para recuperar el equilibrio de las emociones, las mías, las de la otra persona. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.