Comienzo a tener esperanza de que puedo vivir sin manifestar impaciencia; son en los detalles donde veo un cambio en la forma de relacionarme, más paciente. Esperar para hablar antes de manifestar algo con lo que no estoy de acuerdo, sin conflicto. Los tiempos y la impaciencia van de la mano; no actuar por impulsos, parar un pequeño instante antes de hacer una crítica, mostrar un desacuerdo, manifestar una intransigencia. Estos pequeños detalles los noto sobre todo con los más cercanos. Cuando me hago la ilusión de que comienzo a liberarme de la impaciencia mi intransigencia vuelve a manifestarse; no aceptando cómo me contestan, lo que me dicen, cómo me tratan; mi impaciencia quiere que las cosas salgan en el momento en el que yo quiero, como yo quiero que me traten, que me contesten. No se trata de que me vuelvo intransigente porque sufro mal trato, se trata de que ni por los tiempos, ni por los modos, lo que sucede se ajusta a lo que me gustaría. Es una actitud más de mi ego. Hoy he recaído ante la impaciencia, ahora, lo antes posible, una vez que nuestras emociones estén más calmadas me toca reparar, volver a mostrar mi afecto, asumiendo, por lo menos para mí, que he perdido el control de lo que quiero ser, una persona liberada de los defectos de carácter que me alejan de los demás. Estar conectados con todos, con todo, es lo que da sentido a mi vida. Es la relación con ellos lo que me dice si El Programa me está funcionando; si me estoy acercando a la buena vida.