Cuando recaigo en la impaciencia me muestro intransigente, creo conflicto. Con este comportamiento voy creando un muro que me va separando de los demás, me va aislando, me va llevando a la soledad. Derrotarme ante la impaciencia no es mostrar indiferencia, pasar de las personas; es una actitud de querer mejorar las cosas, sin conflictos. Darme un momento, un instante. Esperar a intervenir cuando mis emociones, las emociones de los demás estén tranquilas. La espera a que suceda algo se me puede hacer interminable, aprender a sufrir sin actuar. Derrotarme ante la impaciencia es aceptar que no todo va a ser como yo quiera, en el momento que yo quiera. Mi tarea es poner los medios, poner mi buena voluntad, esperar, aceptar el resultado. Para poder derrotarme ante la impaciencia necesito tomar conciencia que es mi cambio personal el que necesito, no puedo cambiar a los demás. La impaciencia la noto influenciada por mi ambición, tener altas expectativas, temores a que se cumplan los peores presagios, a que no consiga lo que me propongo. Bajar mi ambición, desear menos, sin prisas, sin esa angustia que siento a que sino se hace ahora ya no lo conseguiré, tomarme las cosas con calma. El Programa de Doce Pasos me ayuda si lo trabajo, no solo asistiendo a las reuniones, también dedicándole un tiempo semanal a trabajar estos pasos; entonces logra un cambio profundo en mi naturaleza, me acerca a la buena vida.