En un paso tan largo, además de estar atento a la impaciencia, necesito avanzar, ver otras cosas. Una de las mejoras en que me han ayudado los grupos es volver a confiar en las personas. A través de profundizar en mi parte más íntima, en mi esencia, en la parte más íntima de las personas que van asistiendo a los grupos, puedo ver cómo la parte buena de las personas es mucho mayor que la mala. Las dos existen pero aunque la mala, cuando se manifiesta, se hace notar más, es la buena con la que más veces me encuentro. Una vez más confirmo que aunque lo malo es menos y parece que gana, es lo bueno que tenemos las personas mucho mayor. Esta nueva consciencia me ha permitido volver a mostrar mi afecto a las personas, sin el temor a verme perjudicado. Volver a confiar en las personas ha sido lo que me ha permitido abrirme a los demás, poder volver a sentir que puedo tener relaciones sanas, afectuosas. Es a través de mis relaciones con los demás como he podido quitarme ese sentimiento, que fue el que me llevó a los grupos, de soledad. Una vez que entro en contacto con los grupos se produce un cambio profundo que me permite ver la vida de otra manera, más humana, más compartida, más amorosa. Superar los temores a que las relaciones me hagan daño ha sido necesario. Una vez que doy este paso, de superar el miedo a las relaciones, a que me rechacen, entonces es cuando veo a las personas como cercanas, como seres que me hacen la vida más alegre, yo se la hago a ellas. Es al volver a confiar en las personas como me acerco a la buena vida.