Cuando di mi primer Paso Cuatro, uno de los defectos de carácter que vi con claridad fue la ira, desde entonces, han pasado veintiún años, todos los días lo incluyo en mi oración diaria, pidiendo que me pueda derrotar ante ella. Ahora puedo decir que, aunque la tengo en mi naturaleza, ya no la manifiesto en la intensidad, ni en la frecuencia de antes, ahora es manejable; me he liberado de ella. Sin embargo, después de tanto tiempo he sido consciente de lo arraigado que tengo los conflictos en mi vida, ya se han convertido en una forma de relacionarme; podría decir que soy un adicto a los conflictos. He sido consciente de que la impaciencia me ha llevado a los conflictos; querer solucionarlo en el momento, ahora puedo trabajar los conflictos que no puedo evitar, como cuando me piden que dé, diga o haga algo que no quiero; los que sí puedo evitar; los que genero yo. Querer hacer el bien y acabar haciendo el mal. Cada vez veo mejor que los conflictos me alejan de la buena vida. Lo que me ha evitado mucho sufrimiento es dedicar mis 24 horas a reparar, no dejar que el dolor de los conflictos perdure en el tiempo, esperar el mejor momento del día para afrontar la reparación, dejar de sentir los remordimientos, volver al bienestar. Al principio de asistir a los grupos y trabajar El Programa mi idea era dejar de vivir así, ahora al trabajar El Programa lo veo como un estilo de vida, ya no me vale con vivir, lo que busco es vivir bien, la buena vida.