Creo que mi defecto de carácter, la impaciencia, la he desarrollado durante mi trabajo. Ha sido el hecho de montar mi propia empresa con 22 años lo que me originó un excesivo temor a fracasar, esto se convirtió en el inicio de la impaciencia. A partir de ahí he valorado los tiempos de forma desmedida, exigiéndome, exigiendo a los demás un estado de estrés continuo. La impaciencia me hizo tratar mal a las personas, sujetos al servicio de un fin, de un objetivo, de mi objetivo. No los veía como personas con necesidades, angustias, miedos, sino como personas que debían cumplir con los objetivos. Esta forma de comportarme en el trabajo me modificó el carácter, comencé a tratar igual a mi familia, todo tenía que hacerse como y cuando yo creía que se debía hacer; la impaciencia me fue llevando a la soledad. Una de las maneras de cómo manifiesto la impaciencia es a través de la intransigencia, no aceptando que las cosas se hagan de una manera diferente a como yo creo que se deberían de hacer. Otra manera es con los tiempos, no aceptando que una tarea no se haga en el momento en el que yo creo que se debería de hacer. Otra manera de manifestar mi impaciencia es con las habilidades personales, poniéndome a mí como el estándar sobre el que mido la eficacia de hacer una tarea, todos los que estén por debajo manifiesto signos de impaciencia. Ahora veo cómo cambiar mi hábito me permite gestionar los tiempos de otra forma, más pausada, sin la sensación de verme obligado a tomar una decisión en el momento, aplazar una conversación, un asunto, evitar el conflicto. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.