Creo que hasta que no deje de manifestar los impulsos, que me provoca la impaciencia, debería disminuir mis deseos, mis necesidades. El impulso es lo que me lleva a decir, hacer cosas de las que, en muchas ocasiones, me arrepiento; los impulsos son los que hacen que caiga, a menudo, en los remordimientos, esos que me hacen sufrir. Para disminuir mis impulsos me ayudaría querer que se cumplieran mis deseos de otra manera. No me vale con que las cosas vayan avanzado, busco conseguirlas, el final. No se trata de querer que se cumpla el deseo sino de querer hacer cosas para ir hacia el deseo final; no se trata de desear llegar a un sitio sino de querer andar el camino para llegar a ese sitio. Las dos cosas, tener menos deseos y que los deseos que quiero no sean la meta final sino las cosas que tengo que hacer para conseguirlo, entonces creo que estas dos nuevas actitudes me ayudarían a manifestar menos impulsos, menos ansia por conseguir lo que quiero, a mostrar menos comportamientos impacientes con los demás. Al desear, al necesitar menos cosas, y al desearlas de otra manera, como un medio no como un fin; es entonces cuando no veo a los demás como un instrumento que me lleva a conseguir mi fin, sino que los veo como personas que me aportan bienestar, que yo les aporto bienestar. Son con los impulsos como aparece mi impaciencia. En la medida que no quiera vivir una buena vida sino que quiera disfrutar por hacer cosas que me acerquen a la buena vida, evitaré la impaciencia, me acercaré a la buena vida.