El Programa me enseña a conocerme, como la mejor manera de identificar mis defectos, mis virtudes. Son mis defectos esos comportamientos con los que hago daño, a mí, a los demás. Son mis virtudes con las que hago la vida mejor, a mí, a los demás. Curiosamente con El Programa aprendo a identificar mis defectos de carácter, a derrotarme ante ellos, pero no soy tan consciente de mis virtudes; sé que disfruto de ellas, con las que hago la vida mejor, la mía, la de los demás. También El Programa me hace fijarme unos valores, esos que me guían hacia la buena vida, el amor, la honestidad, la derrota, la humildad, la valentía, la tolerancia, la solidaridad, la compasión, la amistad, la paciencia. Con estos valores puedo marcarme unas guías para andar por los caminos que me llevan a la buena vida. No son todos los valores de los que hablan las religiones, los que me guían, solo los que siento como auténticos, los que veo que puedo seguirlos, solo así podré cumplir el valor de la honestidad, pudiendo ver si realmente los valores que he elegido son valores que persigo, que no los digo como algo a lo que debería aspirar sino como algo en lo que estoy poniendo toda mi buena voluntad en ir hacía ellos, en intentar vivirlos. En la medida en que no manifieste mis defectos de carácter, derrotándome ante ellos; en la medida en que deje fluir mis virtudes, en la medida en que haga que estén presentes los valores que quiero seguir, entonces me acercaré a la buena vida.