Me siento contento, satisfecho, fuerte, después de haberme derrotado ante la impaciencia, haber podido sufrir sin actuar, evitando el lugar donde podía haber sucedido el conflicto, dejando que el tiempo haga su trabajo, tranquilizar mis emociones; he tardado unas horas en ver las cosas de otra manera, he logrado sentir empatía por la otra persona, ponerme en su lugar, ver las cosas desde su perspectiva. Todo es diferente; lo que me hace sentir bien es que siendo la misma situación, ahora que hace unas horas, la forma en cómo la siento es diferente; antes creía que tenía motivos para quejarme, para censurar un comportamiento, ahora veo que esa persona hace lo que puede para mantenerse en su mejor estado. Aunque hay una situación que me sigue afectando, antes la iba a abordar de forma conflictiva, cayendo en la impaciencia para intentar solucionar lo que me perturbaba, ahora veo que puedo esperar a que mis emociones, las emociones de la otra persona, estén tranquilas. Es de esta forma como yo me expreso mejor, más afectivo, más claro; la persona me entiende mejor, más dialogante; ambos podemos poner más de nuestra parte, o no; para solucionarlo, o no; pase lo que pase he evitado el conflicto, ese con el que siempre pierdo. Veo que hay otra forma de vivir, sin conflictos, una forma más amorosa, más respetuosa, más dialogante, más eficaz, con menos remordimientos, con menos sufrimiento. Derrotarme ante la impaciencia me acerca a la buena vida.